"¿Si vienes me llamarás de todas formas?", le preguntó ella, "No lo sé", le contestó él. Las palabras, dicen, se las lleva el viento; aunque, en realidad, hay palabras que la memoria retiene. Cuanto más quieres dejar de recordarlas más te vienen a la cabeza. "Pero eso pasa tanto con lo bueno como con lo malo. Esa frase la recuerdo a todas horas pero recuerdo todavía más sus gestos, sus miradas, sus palabras de apoyo... Son demasiadas cosas que no se pueden borrar así, cómo tú dices, con un click. No se pueden olvidar las cosas buenas fácilmente, todo eso queda ahí, en el fondo. Y por mucho que se haya acabado todo, los recuerdos permanecen; el problema es que las peleas tambíen..." me decía ella el otro día.
Tras esto me dí cuenta que no todo es lo que parece. Por mucho que dos personas aparenten amistad, amor o lo que sea; si miras los gestos, las miradas y, en muchas ocasiones, hasta las palabras, te das cuenta si realmente todo es como aparenta. Por ejemplo, abres la nevera y ves una botella de cocacola; la abres, le das un sorbo y ¿que te encuentras? kalimotxo que le sobró a tu compañera de piso en el botellón de la noche anterior.
Pues esto es igual, pasan los años y todo, en apariencia, está igual; la misma gente, los mismos sitios, las mismas cosas... las mismas conversaciones sobre cómo van las cosas, las mismas costumbras ya consagradas "cuando estoy triste te busco para contarte un chiste malo, me sonries, te enfadas... pero me alegras el momento" . Cuando por detrás todo son peleas y desconfianzas. Aún así, cuando se acaban las vacaciones y todo vuelve a ser como antes, siempre está el típico mensaje en el que te despides de esa persona, no sabes muy bien por qué pero ahí está la necesidad de despedrise. Unos minutos o segundos después aparece la misma sensación que se siente el día siguiente de una borrachera cuando ves los mensajes enviados o las llamadas realizadas. Creo que, aunque a veces duela, siempre todo te termina atrapando, y esto no es menos. Y al final te ves a las 2 de la mañana escribiendo en un blog al que, en realidad, no le llegas a encontrar el sentido, sin saber porqué.
Bueno, hoy por fin he la pulsera del todo incluido... también he vaciado, casi un mes después, el último bolso lleno de cosas de Punta Cana; suena triste, pero es así... Pero he encontrado el reloj todavía con hora local caribeña, 4 de la tarde... me he imaginado lo que estaríamos haciendo, o bueno, bebiendo... aunque, está claro que chupitos de Mamajuana seguro que teníamos en la mano (o tequila boom boom)... en fin, todo pasa y esto no es menos.
Pero aun quedan muchas cosas por delante, aunque a este paso no vamos a poder disfrutar de ellas, porque igual morimos antes a este paso, esto de empezar los fines de semana los miércoles, nos va a acabar pasando factura (a parte de los números rojos en la cuenta).
jueves, 21 de febrero de 2008
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