jueves, 28 de febrero de 2008

¿Que tal la resaca?

Si un sábado por la mañana o un domingo preguntas a alguien, “¿Qué tal la resaca?” más de la mitad te dirán “Mal”, entre todos ellos más de uno y dos la habrán “liado” la noche anterior; en cualquier sentido.

Ella abrió los ojos y se removió entre las sábanas. Él le contestó con un ruido extraño. Se levantó sobresaltada. “Ya la he liado”. Le zarandeó. Él se removió y abrió los ojos. Le acarició. “Mal”, pensó ella. Le dio una palmada y saltó de la cama recogiendo las cosas del suelo. Se levantó y fue directa a la cocina. Abrió la nevera, cogió la botella de agua y le pegó un gran trago. Si has bebido el día antes y, como siempre, te has pasado, el momento en el que el que das un trago al agua es maravilloso. Se fue al salón, se tiró en el sofá y encendió la tele. A los poco minutos Él apareció en el salón ya vestido. “¿Te quedas a comer?” le preguntó. “No, me voy a casa ya. Que no te veo tampoco entusiasmada”. “Será la resaca” le dijo Ella, mientras daba otro trago a la botella de agua. “Pues me voy. Creo que no me dejo nada”, le dijo mientras se ponía la chaqueta. Ella se levantó. No sabía bien como reaccionar. Le acompañó a la puerta. Se puso de puntillas y le dio un tímido beso en la mejilla. Él la miró sorprendida. Ella cerró la puerta y volvió al sofá “Quién diría anoche que esto iba a acabar así” se dijo mientras pensaba en lo ocurrido. A los pocos minutos Otra apareció por el pasillo en ropa interior. Se tiró en el sofá, literalmente. Ella se giró “¿qué tal la resaca?”. Soplido. “¿Cómo acabaste?”, la otra volvió a resoplar “Pues liándola, como siempre, ¿y tú?”. “Igual. No tengo más que decir”. Con solo una mirada ambas saben lo que ocurre. Eso es lo bueno de vivir tanto tiempo con una persona, que hay momentos en los que las palabras sobran. Y siguieron viendo la tele. A las tres y media le suena un mensaje. Ella la mira. “No sé porqué pero siempre acabamos liándola muchísimo…” El mensaje es de el Otro, se le nota en la cara. Pero la Otra no lo dice, quizás porque no quiera o porque no pueda. Y así pasa la tarde, sin palabras pero con miradas que valen y dicen más.

Cuando ya han pasado dos horas y el sentimiento de culpa se escurre ya por las paredes, vuelven ha hablar del tema,
- “¿Pero tú realmente eres feliz viviendo de esta manera?”, preguntó la Otra
- “Claro que soy feliz, me lo paso bien de esta manera. El problema es el sentimiento de culpa que tienes al levantarte al día siguiente. Pero dura poco”, le dijo Ella entre risas.
- “Mira, me estoy leyendo un libro de Bucay, y dice que la felicidad puede lograrse, siempre y cuando uno no caiga en la estúpida idea de creer que ser feliz es estar riéndose todo el día. Por eso te pregunto si realmente eres feliz, porque aunque no estemos todo el día riendo, creo que estos momentos son tan buenos como los de anoche, ¿no crees?” , le aclaró Otra
- “No tengo ni idea”.
- "Normal. Menuda llevabas anoche... hasta el agua de los ceniceros", le recordó Otra.
- "Calla, calla", le reprochó Ella entre soplidos.
- "Me imagino como acabó la cosa"
- "Si nos ponemos aquí a recordar...", le amenazó Ella.
- "A ver, ¿quién la lía más de las dos todos los fines de semana?"
El silencio del momento les hizo a las dos pensar.
Ella fue la primera en hablar, “pero es que lo tuyo y lo mío es diferente… tú llevabas mucho tiempo con el Otro. Aunque ahora este con una, le sigues queriendo. Entonces tu la lías más que yo”.
Otra la miró “ . “ Pues claro, yo por mí le hubiera dicho que su elección es muy simple. Ella o yo. Ella es grande pero yo le quería, hasta el punto que fingía que me gustaba su música, le dejaba que se comiera el último trozo de mi plato, no me importaba ver el fútbol con él… Debía odiarlo, pero le quería… pero pienso que todo esto del amor tiene que ver con las oportunidades no con el hecho de que aparezca en tu vida la persona idónea. Y yo ya he tenido mi oportunidad y la aproveché mucho. De hecho, sigo aprovechandola muchos años después.”
- “¿Y el Otro es tu persona idónea?” le preguntó Ella
- “No lo sé, sinceramente ya no sé nada. Sé que ahora es simplemente sexo. Lo tengo claro. Y punto. ¿Y tú qué?.”
- "¿Yo? con decirte que esta mañana no me acordaba de nada..." contestó Ella entre risas.
- "¡Ala bestia!, siempre igual. Eres un autentico tío para esas cosas. ¿Le vas a decir algo a este?"
- "Paso tanto..."
Al poco tiempo, Ella lanzó una pregunta al aire, “si siempre cuando te vas de fiesta “se lía”, ¿para que salimos? ¿hasta cuando durará todo esto?”. Ninguna de las dos lo sabía, quizás por puro egoísmo o quizás por demostrar que los buenos momentos superan “las liadas”. Pero Otra, que era la típica que tenía respuesta para todo contestó, “No te puedo decir hasta cuando estaremos en este plan, igual conseguimos un trabajo decente y, sin embargo, seguimos así. Yo creo que por mucho que nos hagamos mayores, seguimos tropezando… siempre dudando..Los seres humanos nacemos, crecemos, envejecemos… pero nunca maduramos”.

Esta es una de las conversaciones que te puedes encontrar cuando amaneces en una casa que no es la tuya, en una ciudad de España completamente desconocida para tí, tras perder el avión que te lleva de vuelta a casa. Que te hacen pensar lo que estás haciendo con tu vida, como va a acabar todo esto... si en realidad quieres tener este tipo de vida por mucho tiempo... No pienso en el futuro a largo plazo, como sabe la gente que me conoce, no me gusta hacer planes para dentro de tres meses sino para dentro de tres horas. Creo que para disfrutar de la vida hay que hacer en todo momento lo que te apetece, sin pensar en las consecuencias (buenas o malas) que va tener todo eso. Si en vez de en las consecuencias disfrutas de lo que estas haciendo, todo va mucho mejor. Con la próxima salida del sol vendrán las consecuencias, pero nadie te quitará "lo bailao". Y a quién no le guste, que no mire. Y punto.

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