"Somos lo que soñamos ser y ese sueño no es tanto una meta como una energía. Cada día es una crisálida, cada día alumbra una metamorfosis. Caemos, nos levantamos. Cada día la vida empieza de nuevo. La vida es un acto de resistencia y de re existencia; vivimos, revivimos. Pero todo se sostiene en la memoria. Somos lo que recordamos, la memoria es nuestro hogar nómada. Como las plantas o las aves emigrantes, los recuerdos tienen la estrategia de la luz. Van hacia adelante, a la manera del remero que se desplaza de espaldas para ver mejor. Hay un dolor parecido al dolor de muelas, a la pérdida física, y es perder algún recuerdo que queremos. Esas fotos imprescindibles en el álbum de la vida. Por eso, hay una clase de melancolía que no atrapa, sino que nutre la libertad. En esa melancolía como espuma en las olas, se alzan los sueños."
Manuel Rivas.
martes, 4 de marzo de 2008
lunes, 3 de marzo de 2008
Por todo
Aprovecho esta oportunidad para dar las gracias a quién inventó el mp3, la calefacción en invierno y el aire acondicionado en verano, a esa intuición que me sale en contadas y precisas ocasiones, a quién apuesta por mí sin pedir nada a cambio, a la verdad, a quienes me enseñan cosas nuevas cada día, a la amistad, a quienes me descubren nuevas canciones y mis amigos por todos los buenos ratos vividos. Gracias al gps, al inventor de la cama y del sofá, las tormentas de verano, al conductor de metro y autobús cuando llega enseguida, a las frases míticas, a los que han aportado algo en mi vida, aún sin saberlo, las canciones que te erizan la piel, aquellos que te dicen qué preguntas ha dicho que pondrá en el examen, a quién me proporciona “mis cosas” cuando las necesito, al señor Brugal y al creador de la cocacola. Gracias a la red inalámbrica, a los largos momentos tiradas, al inventor de Internet, a una sonrisa sincera, a la risa y a quién la produce, la plaza mayor un domingo con sus bocatas de calamares y sus minis de cerveza, a quién me planea muchos viajes aunque luego no se lleven a cabo, al mcdonald’s. A las mantas en invierno, a la memoria, las ilusiones, el ibuprofeno, y a los buenos anuncios, al ares, los condones, las oportunidades, a recordar que no hemos visto todo todavía, a viajar en buena compañía, a ti por los conejos aunque tenga que regalarlos, a cada minuto vivido durante estos cuatro años, los médicos, al jamón, al puerto, a quienes demuestran que podemos contar con ellos. A esos erasmus por aquellas llamadas desde Londres y Bristol, los cafés del Starbucks, a las cajas de cartón, a quién no me despierta cuando se va, a ti por dedicar unos minutos a leer esto, las cañas baratas, mi playa, a las segundas convocatorias, a quién sueña conmigo, las mentiras piadosas y las risas de los fines de semana. A nuestros bailes en la tarima del treintaytantos, a los que continúan la fiesta en mi casa hasta que los vecinos se quejan, por enseñarme esas palabras tan cultas, a los discos duros externos y a los que siguen compartiendo minutos contigo todos los días. A la cámara de fotos, los ceniceros, los momentos en los que puedo parar el tiempo, nuestros momentos piti a altas horas de la mañana, los abogados, a la comida mexicana, a los pequeños (y grandes) detalles de la vida, al Madrid nocturno, a mis padres por pagarme la carrera, a quién me quiere ayudar a tener claras mis prioridades, las películas que sorprenden, los buenos libros, los regalos inesperados y los abrazos. A la dirección asistida, al diseñador de Ikea por todos sus muebles desmontables, por cuando tocabas el timbre y se me aceleraba el corazón, las colonias que nunca fallan. Al chemita por todo lo que nos reíamos de él, las sorpresas, las toallitas, a los grueros, a quién está al otro lado del telefóno cuando el insomnio esta junto a la cama, al coche por todo el trasteo que aguanta, los telepizzeros, las pipas, las miradas cómplices, los chicles de menta, a los creadores de Padre de Familia, a Alejandrito por sus increíbles letras, a quién me subía un número cinco a las tantas de la madrugada, a quién está disponible sea la hora que sea, los fines de semana, la paella, a los móviles, al Opencor, los bolis BIC, a las conversaciones al día siguiente de una fiesta, las tarjetas del banco, a cuando reponen mis series de la infancia. A la gaditana que no cesa de querer enseñarnos a bailar sevillanas y a la canaria que cocinó aquellas arepas. A quienes me descubrieron la Feria de Abril, a Omega y su Mambo violento, los días festivos y al creador de Boss. Gracias a los sueños y a quienes me ayudan a que se hagan realidad.
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