Si un sábado por la mañana o un domingo preguntas a alguien, “¿Qué tal la resaca?” más de la mitad te dirán “Mal”, entre todos ellos más de uno y dos la habrán “liado” la noche anterior; en cualquier sentido.
Ella abrió los ojos y se removió entre las sábanas. Él le contestó con un ruido extraño. Se levantó sobresaltada. “Ya la he liado”. Le zarandeó. Él se removió y abrió los ojos. Le acarició. “Mal”, pensó ella. Le dio una palmada y saltó de la cama recogiendo las cosas del suelo. Se levantó y fue directa a la cocina. Abrió la nevera, cogió la botella de agua y le pegó un gran trago. Si has bebido el día antes y, como siempre, te has pasado, el momento en el que el que das un trago al agua es maravilloso. Se fue al salón, se tiró en el sofá y encendió la tele. A los poco minutos Él apareció en el salón ya vestido. “¿Te quedas a comer?” le preguntó. “No, me voy a casa ya. Que no te veo tampoco entusiasmada”. “Será la resaca” le dijo Ella, mientras daba otro trago a la botella de agua. “Pues me voy. Creo que no me dejo nada”, le dijo mientras se ponía la chaqueta. Ella se levantó. No sabía bien como reaccionar. Le acompañó a la puerta. Se puso de puntillas y le dio un tímido beso en la mejilla. Él la miró sorprendida. Ella cerró la puerta y volvió al sofá “Quién diría anoche que esto iba a acabar así” se dijo mientras pensaba en lo ocurrido. A los pocos minutos Otra apareció por el pasillo en ropa interior. Se tiró en el sofá, literalmente. Ella se giró “¿qué tal la resaca?”. Soplido. “¿Cómo acabaste?”, la otra volvió a resoplar “Pues liándola, como siempre, ¿y tú?”. “Igual. No tengo más que decir”. Con solo una mirada ambas saben lo que ocurre. Eso es lo bueno de vivir tanto tiempo con una persona, que hay momentos en los que las palabras sobran. Y siguieron viendo la tele. A las tres y media le suena un mensaje. Ella la mira. “No sé porqué pero siempre acabamos liándola muchísimo…” El mensaje es de el Otro, se le nota en la cara. Pero la Otra no lo dice, quizás porque no quiera o porque no pueda. Y así pasa la tarde, sin palabras pero con miradas que valen y dicen más.
Cuando ya han pasado dos horas y el sentimiento de culpa se escurre ya por las paredes, vuelven ha hablar del tema,
- “¿Pero tú realmente eres feliz viviendo de esta manera?”, preguntó la Otra
- “Claro que soy feliz, me lo paso bien de esta manera. El problema es el sentimiento de culpa que tienes al levantarte al día siguiente. Pero dura poco”, le dijo Ella entre risas.
- “Mira, me estoy leyendo un libro de Bucay, y dice que la felicidad puede lograrse, siempre y cuando uno no caiga en la estúpida idea de creer que ser feliz es estar riéndose todo el día. Por eso te pregunto si realmente eres feliz, porque aunque no estemos todo el día riendo, creo que estos momentos son tan buenos como los de anoche, ¿no crees?” , le aclaró Otra
- “No tengo ni idea”.
- "Normal. Menuda llevabas anoche... hasta el agua de los ceniceros", le recordó Otra.
- "Calla, calla", le reprochó Ella entre soplidos.
- "Me imagino como acabó la cosa"
- "Si nos ponemos aquí a recordar...", le amenazó Ella.
- "A ver, ¿quién la lía más de las dos todos los fines de semana?"
El silencio del momento les hizo a las dos pensar.
Ella fue la primera en hablar, “pero es que lo tuyo y lo mío es diferente… tú llevabas mucho tiempo con el Otro. Aunque ahora este con una, le sigues queriendo. Entonces tu la lías más que yo”.
Otra la miró “ . “ Pues claro, yo por mí le hubiera dicho que su elección es muy simple. Ella o yo. Ella es grande pero yo le quería, hasta el punto que fingía que me gustaba su música, le dejaba que se comiera el último trozo de mi plato, no me importaba ver el fútbol con él… Debía odiarlo, pero le quería… pero pienso que todo esto del amor tiene que ver con las oportunidades no con el hecho de que aparezca en tu vida la persona idónea. Y yo ya he tenido mi oportunidad y la aproveché mucho. De hecho, sigo aprovechandola muchos años después.”
- “¿Y el Otro es tu persona idónea?” le preguntó Ella
- “No lo sé, sinceramente ya no sé nada. Sé que ahora es simplemente sexo. Lo tengo claro. Y punto. ¿Y tú qué?.”
- "¿Yo? con decirte que esta mañana no me acordaba de nada..." contestó Ella entre risas.
- "¡Ala bestia!, siempre igual. Eres un autentico tío para esas cosas. ¿Le vas a decir algo a este?"
- "Paso tanto..."
Al poco tiempo, Ella lanzó una pregunta al aire, “si siempre cuando te vas de fiesta “se lía”, ¿para que salimos? ¿hasta cuando durará todo esto?”. Ninguna de las dos lo sabía, quizás por puro egoísmo o quizás por demostrar que los buenos momentos superan “las liadas”. Pero Otra, que era la típica que tenía respuesta para todo contestó, “No te puedo decir hasta cuando estaremos en este plan, igual conseguimos un trabajo decente y, sin embargo, seguimos así. Yo creo que por mucho que nos hagamos mayores, seguimos tropezando… siempre dudando..Los seres humanos nacemos, crecemos, envejecemos… pero nunca maduramos”.
Esta es una de las conversaciones que te puedes encontrar cuando amaneces en una casa que no es la tuya, en una ciudad de España completamente desconocida para tí, tras perder el avión que te lleva de vuelta a casa. Que te hacen pensar lo que estás haciendo con tu vida, como va a acabar todo esto... si en realidad quieres tener este tipo de vida por mucho tiempo... No pienso en el futuro a largo plazo, como sabe la gente que me conoce, no me gusta hacer planes para dentro de tres meses sino para dentro de tres horas. Creo que para disfrutar de la vida hay que hacer en todo momento lo que te apetece, sin pensar en las consecuencias (buenas o malas) que va tener todo eso. Si en vez de en las consecuencias disfrutas de lo que estas haciendo, todo va mucho mejor. Con la próxima salida del sol vendrán las consecuencias, pero nadie te quitará "lo bailao". Y a quién no le guste, que no mire. Y punto.
jueves, 28 de febrero de 2008
jueves, 21 de febrero de 2008
Y no saber bien porqué
"¿Si vienes me llamarás de todas formas?", le preguntó ella, "No lo sé", le contestó él. Las palabras, dicen, se las lleva el viento; aunque, en realidad, hay palabras que la memoria retiene. Cuanto más quieres dejar de recordarlas más te vienen a la cabeza. "Pero eso pasa tanto con lo bueno como con lo malo. Esa frase la recuerdo a todas horas pero recuerdo todavía más sus gestos, sus miradas, sus palabras de apoyo... Son demasiadas cosas que no se pueden borrar así, cómo tú dices, con un click. No se pueden olvidar las cosas buenas fácilmente, todo eso queda ahí, en el fondo. Y por mucho que se haya acabado todo, los recuerdos permanecen; el problema es que las peleas tambíen..." me decía ella el otro día.
Tras esto me dí cuenta que no todo es lo que parece. Por mucho que dos personas aparenten amistad, amor o lo que sea; si miras los gestos, las miradas y, en muchas ocasiones, hasta las palabras, te das cuenta si realmente todo es como aparenta. Por ejemplo, abres la nevera y ves una botella de cocacola; la abres, le das un sorbo y ¿que te encuentras? kalimotxo que le sobró a tu compañera de piso en el botellón de la noche anterior.
Pues esto es igual, pasan los años y todo, en apariencia, está igual; la misma gente, los mismos sitios, las mismas cosas... las mismas conversaciones sobre cómo van las cosas, las mismas costumbras ya consagradas "cuando estoy triste te busco para contarte un chiste malo, me sonries, te enfadas... pero me alegras el momento" . Cuando por detrás todo son peleas y desconfianzas. Aún así, cuando se acaban las vacaciones y todo vuelve a ser como antes, siempre está el típico mensaje en el que te despides de esa persona, no sabes muy bien por qué pero ahí está la necesidad de despedrise. Unos minutos o segundos después aparece la misma sensación que se siente el día siguiente de una borrachera cuando ves los mensajes enviados o las llamadas realizadas. Creo que, aunque a veces duela, siempre todo te termina atrapando, y esto no es menos. Y al final te ves a las 2 de la mañana escribiendo en un blog al que, en realidad, no le llegas a encontrar el sentido, sin saber porqué.
Bueno, hoy por fin he la pulsera del todo incluido... también he vaciado, casi un mes después, el último bolso lleno de cosas de Punta Cana; suena triste, pero es así... Pero he encontrado el reloj todavía con hora local caribeña, 4 de la tarde... me he imaginado lo que estaríamos haciendo, o bueno, bebiendo... aunque, está claro que chupitos de Mamajuana seguro que teníamos en la mano (o tequila boom boom)... en fin, todo pasa y esto no es menos.
Pero aun quedan muchas cosas por delante, aunque a este paso no vamos a poder disfrutar de ellas, porque igual morimos antes a este paso, esto de empezar los fines de semana los miércoles, nos va a acabar pasando factura (a parte de los números rojos en la cuenta).
Tras esto me dí cuenta que no todo es lo que parece. Por mucho que dos personas aparenten amistad, amor o lo que sea; si miras los gestos, las miradas y, en muchas ocasiones, hasta las palabras, te das cuenta si realmente todo es como aparenta. Por ejemplo, abres la nevera y ves una botella de cocacola; la abres, le das un sorbo y ¿que te encuentras? kalimotxo que le sobró a tu compañera de piso en el botellón de la noche anterior.
Pues esto es igual, pasan los años y todo, en apariencia, está igual; la misma gente, los mismos sitios, las mismas cosas... las mismas conversaciones sobre cómo van las cosas, las mismas costumbras ya consagradas "cuando estoy triste te busco para contarte un chiste malo, me sonries, te enfadas... pero me alegras el momento" . Cuando por detrás todo son peleas y desconfianzas. Aún así, cuando se acaban las vacaciones y todo vuelve a ser como antes, siempre está el típico mensaje en el que te despides de esa persona, no sabes muy bien por qué pero ahí está la necesidad de despedrise. Unos minutos o segundos después aparece la misma sensación que se siente el día siguiente de una borrachera cuando ves los mensajes enviados o las llamadas realizadas. Creo que, aunque a veces duela, siempre todo te termina atrapando, y esto no es menos. Y al final te ves a las 2 de la mañana escribiendo en un blog al que, en realidad, no le llegas a encontrar el sentido, sin saber porqué.
Bueno, hoy por fin he la pulsera del todo incluido... también he vaciado, casi un mes después, el último bolso lleno de cosas de Punta Cana; suena triste, pero es así... Pero he encontrado el reloj todavía con hora local caribeña, 4 de la tarde... me he imaginado lo que estaríamos haciendo, o bueno, bebiendo... aunque, está claro que chupitos de Mamajuana seguro que teníamos en la mano (o tequila boom boom)... en fin, todo pasa y esto no es menos.
Pero aun quedan muchas cosas por delante, aunque a este paso no vamos a poder disfrutar de ellas, porque igual morimos antes a este paso, esto de empezar los fines de semana los miércoles, nos va a acabar pasando factura (a parte de los números rojos en la cuenta).
lunes, 18 de febrero de 2008
Semana intensa
Me doy cuenta que llevo desde Navidad sin pasar por mi caso, ahora, mientras en la radio suena la nostalgica canción de Melocos y la Quinta estación. En realidad odio este tipo de canciones que solo te traen recuerdos estúpidos a tu mente, pero esta es diferente... habla de esas despedidas que, en realidad, a nadie le gustan pero que te cambia la vida completamente y que sabes que, una vez llegas a Madrid, todo es diferente y, en momentos, mejor. Cuando me voy, en los andenes de la estación de Alicante te encuentras todo tipo de personas que se van, cada una a una cosa diferente, de hecho, me encanta imaginarme sus situaciones; de dónde vienen, dónde van y por qué. Muchas de ellas se van de su tierra, dónde nacieron o dónde tienen a las personas que quieren. Coges el tren que te transporta a tu nueva vida, pero en ese momento te vienen a la cabeza todos los sueños que has dejado atrás, todos los buenos momentos vividos, todas las personas... y, como dice la canción "aquel olor a sal".
Pero llegas a Madrid y te das cuenta de que es aquí dónde esta, ahora mismo, tu vida. Personas que conoces nuevas, momentos que quizás nunca se vayan a repetir... y es eso lo que tienes que aprovechar ahora mismo, porque allí te quedan las personas imprescindibles que, aunque estes lejos, sabes que vuelves y allí están; y allí esta los sitios que te han visto ganar y te han enseñado a perder, los momentos que también han sido únicos y que, vuelves y aceptas los nuevos retos, con fascinación, porque pensabas que nunca iban a volver a ocurrir... Pero ahora aquí aparecen nuevos desafíos, nuevas sensaciones y nuevas personas y eso es en lo que ahora piensas y no en lo que te encontrarás a la vuelta a casa, porque, realmente no te importa. Piensas en disfrutar los últimos cuatro meses como universitaria; cada momento, aunque tengas que sacar las ganas de debajo de las piedras.
Un ejemplo ha sido esta última semana, que si me pusiera a contarlo podría estar horas y, sinceramente, es de lo que menos ganas tengo. Pero se puede resumir diciendo que ha sido muy intensa; sin dar muchos más datos. Ayer alguien me preguntó "que tal" y solo me salió decir "demasiado bien", "¿y eso?" pues por muchos motivos ya que ha habido de todo y muchas risas a pesar de haber perdido dinero en el casino. Solo puedo decir, que el temazo puntaca-na-diense "Siente el boom" ha sonado de fondo (tanto a través del ordenador como a en boca de alguien) desde el miercoles pasado. El resto ha sido pasarse demasiado, más de lo que lo debería.
De hecho, te podría decir que si quieres tener algo de lo que hablar durante la semana sólo tienes que pasarte por el Treintaytantos... cuando estemos nosotros. En fin, el otro día en un programa de Antena 3 sobre las adicciones de los adolescentes salió una canción nueva que dice "yo lo que quiero es irme de fiesta.." que, por lo visto es el nuevo himno de los jóvenes borrachos... Me dí cuenta de que, a este paso tendremos que hacerla nuestra... bueno, nosotras y Paquirrín, que este fin de semana estaba dándolo todo por tierras valencianas aunque el miércoles estaba de Feria de Abril por Madrid, mientras nosotras nos bebiamos todo el rebujito del Dalay.
Por otro lado, este nuevo fin de semana ya ha comenzado. Y puede llegar a ser tan surealista como cuando vi el otro dia a una china de Sevilla en "Tienes Talento" (Cuatro) que hablaba andaluz y bailaba flamenco como una crack.
Pero llegas a Madrid y te das cuenta de que es aquí dónde esta, ahora mismo, tu vida. Personas que conoces nuevas, momentos que quizás nunca se vayan a repetir... y es eso lo que tienes que aprovechar ahora mismo, porque allí te quedan las personas imprescindibles que, aunque estes lejos, sabes que vuelves y allí están; y allí esta los sitios que te han visto ganar y te han enseñado a perder, los momentos que también han sido únicos y que, vuelves y aceptas los nuevos retos, con fascinación, porque pensabas que nunca iban a volver a ocurrir... Pero ahora aquí aparecen nuevos desafíos, nuevas sensaciones y nuevas personas y eso es en lo que ahora piensas y no en lo que te encontrarás a la vuelta a casa, porque, realmente no te importa. Piensas en disfrutar los últimos cuatro meses como universitaria; cada momento, aunque tengas que sacar las ganas de debajo de las piedras.
Un ejemplo ha sido esta última semana, que si me pusiera a contarlo podría estar horas y, sinceramente, es de lo que menos ganas tengo. Pero se puede resumir diciendo que ha sido muy intensa; sin dar muchos más datos. Ayer alguien me preguntó "que tal" y solo me salió decir "demasiado bien", "¿y eso?" pues por muchos motivos ya que ha habido de todo y muchas risas a pesar de haber perdido dinero en el casino. Solo puedo decir, que el temazo puntaca-na-diense "Siente el boom" ha sonado de fondo (tanto a través del ordenador como a en boca de alguien) desde el miercoles pasado. El resto ha sido pasarse demasiado, más de lo que lo debería.
De hecho, te podría decir que si quieres tener algo de lo que hablar durante la semana sólo tienes que pasarte por el Treintaytantos... cuando estemos nosotros. En fin, el otro día en un programa de Antena 3 sobre las adicciones de los adolescentes salió una canción nueva que dice "yo lo que quiero es irme de fiesta.." que, por lo visto es el nuevo himno de los jóvenes borrachos... Me dí cuenta de que, a este paso tendremos que hacerla nuestra... bueno, nosotras y Paquirrín, que este fin de semana estaba dándolo todo por tierras valencianas aunque el miércoles estaba de Feria de Abril por Madrid, mientras nosotras nos bebiamos todo el rebujito del Dalay.
Por otro lado, este nuevo fin de semana ya ha comenzado. Y puede llegar a ser tan surealista como cuando vi el otro dia a una china de Sevilla en "Tienes Talento" (Cuatro) que hablaba andaluz y bailaba flamenco como una crack.
martes, 12 de febrero de 2008
Y al final soy yo la que no puede dormir
Mientras doy mucha vueltas en la cama, me acuerdo de cada una de las frases de tu e-mail, quizá sea eso lo que no me deja dormir. O igual es el calor que hace en este cuarto que me trae a la memoria tus frases a medianoche sobre lo que calentaba aquel edredón.
Si esto hubiera ocurrido hace unos años, lo que se hubiera quedado sin contestar hubiera sido una carta, más difícil de borrar que un e-mail. Con las nuevas tecnologías es mucho más fácil olvidar lo escrito simplemente haciendo clic en eliminar el correo ha desaparecido, no tienes ni que leerlo, desaparece sin más, como si nunca hubiera existido. Luego te disculpas con un “no he recibido nada” y todos tan contentos. Pero esta vez no es así, lo leo. No contesto pero lo leo. Una vez más. Y otra. Y otra. Así hasta seis veces. Las suficientes para darme cuenta que no tengo qué contestarte. Que igual que hay cartas que se quedan sin contestar, también hay e-mails. Tal como decía la letra de un grupo argentino que solo se oyó en España un verano cualquiera mientras Georgia Dann componía más canciones, “yo quemaré tus cartas”, en este caso, a las 4 de la mañana me levanto de la cama, después de mucho pensar, para borrar todos y cada uno de tus emails y conseguir, de esta manera, dejar ya de lado todo lo que me hace perder el sueño.
Mi viaje caribeño me ha servido para mucho. Una de ellas la resume perfectamente Paulo Coelho, al que tú me ayudaste a descubrir: “Algunas veces hay que decidirse entre una cosa a la que se está acostumbrado y otra que nos gustaría conocer” y, me decido por lo nuevo que quiero conocer. Sonará paradójico que el mismo autor de los libros que había en tu mesilla me haga recapacitar de esta manera. Pero me queda poco tiempo en esta forma de vida fácil en la que no dependo de nada más que de aprobar las asignaturas y de llamar a mi madre todas las noches para asegurarme el dinero acordado en la cuenta. Suena cruel, pero al fin y al cabo es así. Y como se encargan cada día de recordarme que en Junio ya apareceré en la orla como licenciada en periodismo (aún sin serlo), prefiero borrar los emails y dejar de dar vueltas estúpidas en la cama por las noches. Porqué sino es imposible moverme de la cama cuando a las 8 suena el despertador y los días no esperan. No se pueden borrar dándole a eliminar. Y quiero seguir conociendo todo esto nuevo, que por algo es mi último cuatrimestre universitario.
Si esto hubiera ocurrido hace unos años, lo que se hubiera quedado sin contestar hubiera sido una carta, más difícil de borrar que un e-mail. Con las nuevas tecnologías es mucho más fácil olvidar lo escrito simplemente haciendo clic en eliminar el correo ha desaparecido, no tienes ni que leerlo, desaparece sin más, como si nunca hubiera existido. Luego te disculpas con un “no he recibido nada” y todos tan contentos. Pero esta vez no es así, lo leo. No contesto pero lo leo. Una vez más. Y otra. Y otra. Así hasta seis veces. Las suficientes para darme cuenta que no tengo qué contestarte. Que igual que hay cartas que se quedan sin contestar, también hay e-mails. Tal como decía la letra de un grupo argentino que solo se oyó en España un verano cualquiera mientras Georgia Dann componía más canciones, “yo quemaré tus cartas”, en este caso, a las 4 de la mañana me levanto de la cama, después de mucho pensar, para borrar todos y cada uno de tus emails y conseguir, de esta manera, dejar ya de lado todo lo que me hace perder el sueño.
Mi viaje caribeño me ha servido para mucho. Una de ellas la resume perfectamente Paulo Coelho, al que tú me ayudaste a descubrir: “Algunas veces hay que decidirse entre una cosa a la que se está acostumbrado y otra que nos gustaría conocer” y, me decido por lo nuevo que quiero conocer. Sonará paradójico que el mismo autor de los libros que había en tu mesilla me haga recapacitar de esta manera. Pero me queda poco tiempo en esta forma de vida fácil en la que no dependo de nada más que de aprobar las asignaturas y de llamar a mi madre todas las noches para asegurarme el dinero acordado en la cuenta. Suena cruel, pero al fin y al cabo es así. Y como se encargan cada día de recordarme que en Junio ya apareceré en la orla como licenciada en periodismo (aún sin serlo), prefiero borrar los emails y dejar de dar vueltas estúpidas en la cama por las noches. Porqué sino es imposible moverme de la cama cuando a las 8 suena el despertador y los días no esperan. No se pueden borrar dándole a eliminar. Y quiero seguir conociendo todo esto nuevo, que por algo es mi último cuatrimestre universitario.
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