sábado, 20 de septiembre de 2008

- En mi último viaje a Matalascañas, lo vi por primera vez. - dijo apartando la vista, por un breve periodo de tiempo de la taza - yo iba por la calle, miré hacia arriba y lo vi. Creo que ya nunca me he vuelto a cruzar personalmente, a partir de aquel momento ha sido por la tele, aunque viva aquí al lado, no lo he vuelto a ver.
- Pero si tú nunca has estado en Matalascañas, ni siquiera sabes donde esta eso.
- Ya, pero yo lo vi.

Y como eso todo. Por su forma de ser puedes pensar que es andaluz, sin embargo la sangre alicantina le sigue corriendo por las venas. Cabezota, pesado -intenso que diría otra persona-, alguien que si no cumple los siete pecados capitales, poco le falta.

Que vende Benidorm a los alemanes y se va a tomarse unas cañas después tranquilamente.

Realmente cobarde pero que pasa por el 'macho' que no es. Que pone una sonrisa y todo el mundo parece seguirle como si nada.

Un ser que amansa a las fieras. Alguien que, en las fiestas siempre acaba rodeado de chicas a las que no sabes si les esta pidiendo el número de teléfono o cuál es el número del tinte que se han puesto. Y esto lo digo porque he sido testigo de ello. Porque le he visto retratar los culos de las guiris alemanas de Benidorm. Porque he visto como ha conseguido que dos guiris acaben chupándole a otra cosas solo para que les haga una fotografía.

Un embaucador que dirían por algunos pueblos.

La cara y la cruz.

Uno embauca con su sonrisa y consigue lo que quiere y, sin embargo el otro, tiene, simplemente ocurrencias.

- Estoy empachado de tanta comida.
- Para comida la mía del fin de semana pasado. Que no sabía sí pedir en la barra pharmaton o una botella de agua. El postre no tuvo precio - mientras guiña un ojo - pero la comida de techo tampoco. Después de una sesión de esas si que te empachas.

Una persona que tiene respuesta para todo. Mejor no le preguntes si sabe de algo 'curioso' porque el día que lo intenté, por primera vez, sin realmente analizarlo, acabó mal. Bueno, no tan mal como diría.

Puedes acabar en la cama con él sin apenas comerlo o beberlo. Sin darte cuenta, dos palabras y prueba superada que decía el presentador del Grand Prix.

O igual, en vez de eso, te ves que esas personas un tanto 'peculiares' acaban encontrando un hueco en ese blog que escribes cuando no quieres o no puedes dormir. Cuando el vecino tiene la radio puesta y te desvela o cuando quieres salir a fumar a la terraza mientras tu familia duerme y solo el silencio, y bueno, el perro, te acompañan.

Pues, finalmente encuentran un hueco en este blog y quizás, también en tu memoria.

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